sobre lo nuevo y lo imitado

Matar al padre, dicen, voces viejas, jóvenes, ahora. Matar al padre, gritan, como quien desentierra un tesoro. La estética ha corrompido a tantos escritores. Beat, punk, han acabado siendo sólo estampados de leopardo y palabras untadas de aceptación (follar, pezón, clítoris, locura, animal, odio). Sólo una cresta, sólo un verso abierto. Agresividad fiera. Agresividad conocida. Agresividad estética, pienso. Poco de lo que leo me gusta. Poco, poco, poco. Buk, abriste la brecha y todos hemos andado sobre tus huesos desde entonces. No encuentro nada nuevo, nada que me agite. Las mujeres hablan de esterilidad, los hombres hablan de soledad existencial. Y después ellas juegan a las mamás, y después ellos se reúnen. Cambian el siglo. La máquina de escribir se hace ordenador, la ropa a medida se hace H&M, el teléfono se hace chat, y repetimos. Todos queremos huir en la misma dirección y la pureza se ha ido. Lo han dicho demasiadas veces. Sabemos muy bien cómo ser lo que ellos fueron. Sabemos imitar, simios por naturaleza. Porque Rimbaud ya mató a Dios. Porque Nietzsche ya lo desintegró. Porque cualquier adolescente puede hacer eso. Nadie desea dulzura. Nadie desea ser débil. Matar al padre, río a carcajadas. Matar al padre es tan fácil como una masturbación. Matar al padre. Mírame. Escucha. Mata tu ego.