uno de doce

Sobre 2012 como fin del mundo o como punto de inflexión del caos, dicen. Visiones enfrentadas, pienso, pero qué es qué en este planeta.

Como celebración por el futuro incierto he robado dos libros a los que espero sacar aquí las tripas. Días de cielo azul en los que Joe consiguió diez. "Toma" dijo, y allí estaban. "Porque te amo" dice, "a pesar de las mentiras". Porque es un hombre nuevo, dice, cortado a medida. Yo digo "no", muchas veces, pero él se inclina sobre mí y me penetra y me dejo transformar en un animal que duerme al borde de la cueva y que no quiere despertar ni sentir hambre. Que no quiere despertar.

Doce. Dos mil doce. Diez más dos libros.

Después volver al movimiento. Vivir entre dos países, sin estar del todo presente, del todo ida. Estar en una ciudad que no conmueve ni acelera una sola gota de mi sangre. Punto muerto. Tedio gris, idioma que se filtra por mi cerebro como agua, sin anclaje. Sin cueva, ni sol.

Mientras, los propósitos hablan como agua sucia: aprende a sacar tiempo de debajo de las piedras, dice la voz. Sabes que es posible.

Lo sabes.

Tienes que mantenerte activa.