el cuerpo y la memoria, la familia




"El cuerpo en que nací" de Guadalupe Nettel
&
"Una novela francesa"
de Frédéric Beigbeder

ed. Anagrama



Un hombre y una mujer cuentan sus infancias, dos infancias distintas como líneas perpendiculares, como vidas perpendiculares que sin embargo coinciden formando un punto de unión, un punto obligatorio y natural, mientras ese hombre y esa mujer van y vienen de la memoria al papel, del cuerpo al pasado.



"The two lines must cross at right angles to each other"


Pero aunque el contraste entre las dos vidas es profundo (tan grande como el que pueda existir entre un niño francés rico y una niña mexicana de clase media, contexto años 70/80) los puntos en común acaban siendo más significativos que las diferencias de origen económico o local. Padres divorciados, hermanos, traslados. Padrastros y madrastras que se suceden. Complejos físicos. La figura de un abuelo/abuela que traspasa la de los propios padres. Cambios de colegio, de ciudad, niños solitarios, niños criados con madres de diario y padres de fin de semana, paquetes del asiento trasero del coche familiar. Niños que ahora miran a sus hijos y se reviven (conozco la sensación, algo parecido al efecto que producen los graves de un altavoz sonando a todo volumen, entran en el pecho, vibran y rebotan, despertando algo dentro). Sintiendo que ha llegado la hora. Niños que se cuentan y hablan del mundo que vivieron, del mundo que cambió con ellos.

La infancia. Esa costra que hay que levantar para poder ver quién hay debajo, quién existe realmente bajo los intentos familiares y sociales de modelar eso que aún ni siquiera éramos.

La familia, esa organización no gubernamental que crea hijos para el futuro, esa organización dirigida por unos padres que ni siquiera han tenido tiempo de levantar sus propias costras antes de crear sangre nueva.

Las dos novelas enganchan por la falta de presunción, por la ausencia de metáforas retorcidas, por la ausencia de dramatismo y autocompasión. Los dos autores viajan al pasado y extraen con manos de cirujano personas y escenarios, describiendo épocas, estilos de vida, objetos desaparecidos, la influencia de los cambios políticos en las expectativas personales, la confusión de la modernización, las secuelas de la guerra y la libertad, los permanentes cambios de valores, buscando como sabuesos claves que de lo contrario quedarían atrás, perdidas, perdidos con ellas. Es un territorio delicado, la niñez. Los dos autores critican haciendo uso de una crueldad amable, comprendiendo lo que no comprendieron, lavando con cuidado esa costra oscura, con ese pequeño dolor y ese deseo de liberarse por fin de la visión que les dieron quienes les vieron crecer. Desmienten, reestructuran, exhiben (es inevitable y necesario) y descubren a los niños que realmente fueron, no a los niños que les han contado que han sido.

Leo esos libros y leo una liberación, algo real e intenso. Si algo me gusta de ellos es la normalidad con la que consiguen desarrollar la historia. La escritura antes que el tema en sí, ese tema que inevitablemente nos afecta a todos.

Porque estos libros hablan también de tí mismo.

Líneas perpendiculares que te harán recobrar la memoria.

Si te atreves.