Irène Nemirovski, o el más allá



De vez en cuando descubro escritores que son templos, sobrenaturales en su concepción y uso de la palabra. Qué escondidos estáis, por qué no se os ve, si sois montañas. Irène Nemirovski es una de estas grandes portadoras, capaz de hilar argumentos analíticos y complejos con una increíble sencillez técnica y seguridad discursiva. Con un registro de personajes amplio -invadidos de sentimientos, con tantas capas y posibilidades, tan hondos y diversos como los humanos que habitan el mundo real- ofrece una suma de capacidades que pocas veces tiene lugar, una agudeza que la convierte en la encarnación de todos los géneros. Poesía, ensayo, novela, todo sobre las páginas de un mismo libro. Máxima expresión. Equilibrio. Todo en una única intención. Imaginar a Nemirovski en su escritorio es imaginar a un ser cuyo espectro se abre, se diluye más allá del borde de su carne y sostiene al mundo.

Nemirovski enorme.

Su mano un ojo a través del cual todo es pronunciado.


"Una mujer ocupó el banquillo de los acusados. Pese a su palidez y su aspecto angustiado y exhausto, aún era hermosa. Las lágrimas le habían ajado los delicados párpados y sus labios esbozaban una mueca cansada, pero parecía joven. Un sombrero negro le ocultaba el pelo."

("JEZABEL", primer párrafo.)



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