regresar, o amargo fénix



Escribir a mano y perder los folios con los poemas-espíritu, los poemas-cabeza del libro que quizás sea. Y entonces gruñido, y entonces respiración y palabras desordenadas. ¿Amarás del mismo modo tras la pérdida? ¿Hallarás en los placebos sus ojos?

Que el verano siga siendo tibio y largo. Que nadie me moleste. Estar sola, muy sola, mientras las polillas procrean en la despensa. Escuchar las mil preguntas de mis mil voces. Padre, madre, hermana. Amor. Sangre. Represalia.

Estar muy abierta, porque las traducciones continúan y no sé cuándo surgió esta fiera, si siempre estuvo presente, tan adentro, si es por los nacidos o los muertos por quienes rompe silencios.

La tristeza puede encender fuegos.

El fuego azul de la pérdida.
El fuego gris de la huida.

Aún puedo ver los acantilados frente a mí. Aún, los cabellos rojos.

Rechazó todo aquello que fue distinto de él.

No os reventaré contra las paredes, insectos.

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